lunes 9 de noviembre de 2009

De la vida y de la muerte.

Hace poco, una niña de escasos 11 años perdió su hermano de 21 años con quien era muy cercana. Ella me escribió diciendo: “hola espero que estés bien veo que ya sabes lo de mi hermano y no logro encontrarle lado bueno a esta situación ni a la realidad que nunca lo volveré a ver sé que tus palabras me harán sentir mucho mejor”. El escrito de mi pequeña amiga me obligó a reiterarme muchas preguntas ya formuladas sobre la muerte: ¿Qué es esto que llamamos muerte? ¿Por qué ocurre? ¿Hay algo en particular en ella o simplemente es la consecuencia natural de interpretar la vida activa? Pero nunca me había formulado una pregunta asociada a si en ella hay algún lado bueno cuando ocurre de manera temprana. Son las preguntas que suelen surgir de los niños o niñas.

La ciencia propone algunas ideas sobre el tema de la muerte. Hasta hace algún tiempo se decía que una persona estaba muerta cuando se suspendía el latir del corazón y se dejaba de respirar. Y ante todos los errores cometidos declarando muertos a quienes todavía no lo estaban a pesar de no tener pulso o no respirar, hoy la muerte se dictamina cuando ocurre el cese irreversible de la actividad vital de todo el cerebro incluido el tallo cerebral. Pero claro, esto no nos dice nada sobre la relación entre la vida y la muerte. Solo permite reconocer a quien está muerto. Para la ciencia, ocurrida la muerte al suspenderse toda la actividad vital del cerebro, ya no sigue nada. Conforme los componentes químicos del cuerpo vuelven a convertirse en moléculas y átomos básicos, la consciencia creada por el cerebro desaparece completamente. Dejas de existir, no sigue nada. Si es así, entonces la razón de ser de la vida humana o de cualquier otra forma de vida, tendría que estar unida a la vida activa y no a una posibilidad de algo a conseguir después de la muerte y en ese sentido para la ciencia no hay nada diferente a la evolución de las especies signada por una selección natural que decide que especie avanza y cual desaparece. Por lo tanto para este enfoque de la ciencia, nacer y morir no es más que un asunto de selección natural: el nacimiento es el triunfo en principio de un espermatozoide y luego de un óvulo fecundado, y te mueres cuando no puedes adaptarte más; todo en el marco de una evolución posible. En este caso la consciencia no es más que el refinamiento de una herramienta de adaptación al medio para responder mejor a la selección natural.

Por otra parte, hay diversos pueblos, tradiciones, filosofías y religiones, que aceptan la existencia del alma, aunque no están de acuerdo en su significado. Para todos ellos, la muerte no es más que la puerta a través de la cual nos adentramos en un mundo o posibilidad nueva, diferente a la vida activa.

Por ejemplo, hay pueblos, tradiciones, filosofías y religiones que hablan del mundo de los muertos. Así, se puede mencionar el Mictlan de los Aztecas, donde los ancestros están reunidos con el Gran Espíritu; la mansión de los muertos de la mitología nórdica; la región de los muertos, Sheol, de la tradición hebrea; o el Hades de los griegos. Y si bien es cierto, no coinciden estas miradas sobre lo que se entiende por ese mundo de los muertos y sus implicaciones, si suelen estar de acuerdo sobre lo que pretende la vida activa: vivir de acuerdo con la voluntad de Dios (para los hebreos) o de los dioses para los demás. Para todos ellos, en la vida activa nacemos y morimos por voluntad de ese Dios o de esos dioses y debe vivirse entre el nacimiento y la muerte descubriendo y haciendo la voluntad de Dios o de los dioses.

Para el cristianismo, también se nace y se muere por voluntad de Dios y se vive para vivir de manera tal que nuestra alma vaya al paraíso después de la muerte, evitando caer en el infierno. Hay que salvar el alma, es la razón de vivir de los cristianos. El hinduismo propone la reencarnación del alma como una rueda de nacimientos y muertes, samsara, con presencia de formas de paraísos e infiernos entre las muertes y nacimientos y todo sujeto a la ley del karma. En este caso la razón de ser de la vida es lograr liberarnos de samsara, desarrollando una forma de consciencia que lo permita. En el budhismo la muerte no tiene ningún valor. Todo esto que se llama vida no es más que el producto de una compleja red causal de procesos interrelacionados donde todo es transitorio y no existe un yo (alma). Estos procesos causales renacen karmáticamente para darse cuenta de que todo es simplemente vacio y silencio, nada más.

En fin, hay de todo para todos los gustos. Pero para mi gusto, la pregunta sobre el lado bueno de la muerte del hermano de 21 años de mi pequeña amiga sigue sin resolver. Cuando ocurre la muerte de alguien con edad avanzada, parece lógico desde todos los ángulos incluidos los científicos, filosóficos, religiosos y tradicionales. Pero cuando muere alguien de corta o mediana edad, parece que esta lógica se desquebraja.

Le dije a mi pequeña amiga que no hay que buscarle lógica a la muerte sino a la vida. La muerte es solo eso, el final de un ciclo o como dice Hamlet: “morir es dormir, dormir, tal vez soñar”. Como no sabemos vivir y la muerte nos puede sorprender en cualquier momento, entonces la misma se nos vuelve una tragedia. Para quien sabe vivir, 21 años es mucho tiempo y paradójicamente, 80 años, una exhalación, porque no es el tiempo lo que importa en la vida. Hay quienes viven 21 años y dejan una huella honda y hay quienes 100 o más y no queda nada, como la estirpe de los Buendía de Macondo que su recuerdo fue desterrado de la memoria de los hombres según García Márquez. No es el tiempo, es como se vive y nadie mejor que Amado Nervo y su poema Paz, para enseñarlo. Aunque claro, la pregunta del lado bueno de la muerte de un joven de 21 años, más allá de las consideraciones naturales, kármicas o divinas, sigue abierta.

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

Que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
Cuando planté rosales, coseche siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡Más tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;
más no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!¡Vida, estamos en paz!

H. Gurú Gerardo Motoa Garavito
www.redgfu.net/gmg
9 Noviembre 2009

Descargar versión word (doc) de este documento.
Descargar versión acrobat reader (pdf) de este documento.

domingo 8 de noviembre de 2009

De cara a un futuro cercano.

Desde tiempos inmemoriales algunos seres humanos han tenido un sueño, un profundo anhelo, una esperanza que en ocasiones parece loca o una dulce utopía: poder disfrutar de una sociedad donde la convivencia humana no esté mediada por prejuicio alguno. La humanidad, por lo menos en la historia conocida, generalmente se ha guiado obedeciendo prejuicios de toda índole. Algunos de estos prejuicios son religiosos, es decir, pregonan una creencia como verdadera señalando las demás como falsas; los hay raciales en cuanto le otorgan superioridad a una raza sobre otra; otros manifiestan mediante palabras, actos, sentimientos y pensamientos desdén o desprecio por el género contrario, por lo que se reconocen como prejuicios sexuales; desde los prejuicios sociales se acepta equivocadamente que el valor de una persona se origina en su condición económica o clase social, su nacionalidad u origen. En fin, la lista de prejuicios puede prolongarse y el hecho sigue siendo el mismo: todos ellos son fuente de distanciamiento, de separitividad, de opresión y maltrato. Y a pesar de todo esto el sueño, la esperanza loca, se mantiene viva.

Es a este sueño, a esta esperanza a la que el MAESTRE S. R. de la Ferriere se refiere cuando propone que hay que poner una nueva humanidad en marcha. La vieja humanidad tiene que regenerarse o morir. Si se acepta que la nueva humanidad corresponde a aquella que sabe vivir y convivir sin que medie prejuicio alguno, entonces las preguntas son: cómo construir esta nueva humanidad y además en qué dirección ponerla en marcha. Las respuestas me resultan evidentes: espiritualidad y humanismo.

Los prejuicios son generados en las creencias y estas últimas se formalizan e interiorizan mediante la educación. Reconociendo que tal como lo señala Albert Einstein es más fácil destruir un átomo que un prejuicio, el esfuerzo por su erradicación de la vida humana no puede cejar y puesto que son implantados en nuestras vidas a través de una cierta educación, también tendrán que ser eliminados mediante otra forma de educación. Los contenidos y enfoques metodológicos de este nuevo o renovado enfoque educativo, no solo obedece a formas modernas de enseñanza-aprendizaje, su gran impronta es la espiritualidad laica, no religiosa, y no porque la espiritualidad sea religiosa sino porque ha sido histórica y equivocadamente confundida una con la otra.

La espiritualidad es un camino que nos lleva desde la interiorización de unos principios como forma de vida, a la experimentación de valores ciertos, permitiéndonos encontrarnos con una primera manifestación de identidad no condicionada, reconocible como orden o síntesis de nuestras propias naturalezas física, energética y mental. El punto de partida es la materia prima que nos da la Vida a los seres humanos: un cuerpo físico, producto de la organización de elementos químicos que se estructuran generando moléculas, células, tejidos, órganos, aparatos y sistemas; un cuerpo anímico, energético, que se evidencia a través de la posibilidad de reconocer un mundo emocional y sentimental en la vida humana; Un cuerpo mental, que desde esta perspectiva trasciende el cerebro, o sea, no es simplemente una función cerebral y que está integrado como mente por diversos tipos de pensamientos: sensaciones, percepciones, raciocinios, intuiciones, además de lo que se podría llamar pensamientos trascendentes. La Vida nos dota de estos tres cuerpos para que a partir de ellos nos construyamos una posibilidad fina de vivir, la espiritualidad, que finalmente es el resultado de la construcción en el interior de cada uno de nosotros de un orden inteligente y silencioso.

La vivencia de la espiritualidad nos permite empezar a darnos cuenta de que a pesar de que la realidad cambia, muta, se transforma permanentemente, hay algo que permanece. No se trata de imaginarse nada o de llegar a conclusiones intelectuales, o de tener algún tipo de sensación particular y llamativa. Es solo el inicio del descubrimiento de un reposo interior, una pausa silenciosa desde la cual la realidad (es decir todo aquello que está sujeto al tiempo y al espacio) se observa pasar, ir y venir. Por eso esta vivencia suele señalarse como de presente, de aquí y ahora. Un presente, real, desde el cual precisamente la realidad se muestra como lo que es: relativa, en muchos casos ambigua. Es lo real, que se vive como un vacio silencioso (cosa curiosa), lo que permite reconocer la relatividad, la variabilidad y la incertidumbre propias a la realidad. Sin lo real, la realidad se antoja confusa e ininteligible y consecuentemente angustiante.

Realidad y real, parece un simple juego de palabras para embaucar incautos y venderles cualquier tontería. Por el contrario, la relación entre estas dos posibilidades de la Vida no es más que el resultado de una observación sencilla de la vida misma. La realidad se estructura por lo que hay de real en ella; es desde lo real que la realidad asume una identidad. Lo paradójico es que lo real en el espacio es vacio y en el tiempo es silencio. Una hoja de una planta lo es, porque sus partes elementales, atómicas o cuánticas, se integran en un todo resolviendo el vacio extraordinario que hay entre todas ellas dando la sensación de que por el contrario todo está lleno. Una pieza musical se estructura desde un conjunto de notas (sonidos) entrelazadas coherentemente por silencios. Cada nota no dice nada por si sola, pero cuando se amarran silenciosamente conforman algo que ya tiene una cierta identidad. Lo real de la realidad es que el espacio es vacio y el tiempo es silencioso. Un vacio curiosamente ordenado de acuerdo con leyes y que consecuentemente da origen a la materia y a la energía. A su vez el silencio engendra el tiempo, silenciosamente valga la redundancia y a través de él, la mutabilidad, el cambio o transformación de la materia y la energía. Vacio y silencio, orden inteligente y silencioso.

La espiritualidad es un encuentro con lo real expresado como vacio y silencio o simplemente es una vivencia de aquel orden inteligente y silencioso. Un orden que integra y sintetiza lo físico, lo anímico y lo mental de nuestra naturaleza humana, en una nueva posibilidad que finalmente se expresa como amor. El amor,…. cuánto se ha dicho del amor y pareciese que entre más se habla sobre él, menos se vive. Hay muchas emociones y sentimientos que se confunden con el amor y que solo son expresiones particulares de lo hormonal-biológico y/o de lo afectivo-energético. El amor auténtico nace de la espiritualidad y se consolida y expresa en valores asociados al comportamiento. Cuando se ama, se respeta, se sirve, se discrimina lo constructivo de lo destructivo, emerge la responsabilidad y se refleja una cierta congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Quien vive la espiritualidad discurre por la Vida, amorosamente, enriquecido por el amor y lejos de lo cursi, rosa, meloso, posesivo y estúpido con que la sociedad humana confunde al amor.

Quien vive la espiritualidad supera la angustia existencial o nausea como lo define Sartre, productos de vivir sin saber porque se vive y morir sin saber porque se muere. Es decir, deja de ser un animal racional, o sea, abandona la identidad condicionada. La inmensa mayoría de las personas que pueblan el planeta Tierra no pasan de ser animales racionales y no porque tenga que ser así. Es así, porque su vida está dedicada a satisfacer las necesidades básicas de alimento, agua, abrigo, afecto, entre otras, obedeciendo a la poderosa fuerza del instinto de conservación propio a la vida animal. Es claro, que en si mismo esto no tiene nada de malo o equivocado. El asunto es que dicho instinto se mezcla con la razón y entonces todo se deforma moviéndose hacia la condicionante (esclavizante) relación tener- hacer. Un tener reflejado hacia un impulso insaciable de acumular y acumular cosas, propiedades, prestigio, dinero y hasta personas. Ya no se tiene para satisfacer las necesidades básicas, como debe ser, sino para intentar por demás inconsciente e inútilmente, de resolver la angustia existencial ya mencionada. Y el tener lleva aparejado el hacer. Hacer lo que sea, lícito o ilícito, pero que en cualquier caso permita tener, más y más, sin importar lo que haya que sacrificar. Eso es un animal racional.

Vivir espiritualmente es el proceso que permite superar la condición de animal racional para poder declararse como un ser humano, lo que no es poca cosa. La sumatoria de animales racionales es lo que da origen a la sociedad donde campea la lucha por el poder reflejada en guerras, hambre, miseria, corrupción, mala distribución de la riqueza o simplemente la sociedad, como le llamaba un fino humorista colombiano. El acercamiento entre seres humanos y la conformación de comunidad entre ellos, engendra una nueva humanidad que tal como lo propone el MAESTRE S. R. de la Ferriere, viva de manera que no medie prejuicio alguno. En la sociedad quien orienta el comportamiento son los prejuicios, los condicionamientos, las creencias. En la nueva sociedad, el oriente lo señalan los principios éticos, los valores humanistas y la consciencia de por qué y para qué se vive.

Esta nueva sociedad refleja lo que en el pasado, algunos como Erasmo de Rotterdam, definieron como humanismo. Un verdadero antropocentrismo mediante el cual se pretende enaltecer la dignidad humana. No más dependencias o sumisiones a dioses o esperanzas de mejores posibilidades para después de muertos. Es el reconocimiento al potencial de un ser humano que al activarse permite construir un sociedad equitativa, sabia y fraternal para todos, sin exclusiones. Tal vez sea esto lo que en tiempos pretéritos nos propusieron como el reino del Hijo del Hombre. No más insistir en el reino del Hijo de Dios. Podemos darle a esta idea del Reino del Hijo del Hombre algún carácter mítico-mágico, o simplemente reconocer que ya es el tiempo de elevar la vida humana hacia nuevas esferas, a nuevas posibilidades. El Hijo del Hombre, un individuo nacido de hombre y de mujer, que tiene el gran reto de dejar de ser un animal racional y convertirse en un auténtico ser humano.

Y también hay que aprovechar la oportunidad para decir que todo no termina con la espiritualidad. Por el contrario ella misma solo es un puente que nos permite avanzar hacia el encuentro con la Existencia misma, o la Verdad como algunos le llaman. El autoreconocimiento en Aquello que integra lo real y la realidad en un continuum eterno e infinito. En fin, en la realidad regida por el espacio y el tiempo nos experimentamos; En lo real donde se reconoce el vacio y el silencio, podemos vivir el no-espacio y el no-tiempo como un orden inteligente y silencioso. En Aquello, la Verdad, solo se ES….. LIBRE.

H. Gurú Gerardo Motoa Garavito
www.redgfu.net/gmg
Agosto 2009

Descargar versión word (doc) de este documento.
Descargar versión acrobat reader (pdf) de este documento.

¿Quién soy?

Cuando un individuo cualquiera se pregunta quién es (quién soy?), la sociedad humana a la que pertenece suele responder con estereotipos nacidos de intereses raciales, religiosos, sexuales, políticos y hoy, principalmente comerciales y lógicamente económicos. La sociedad construye o define estereotipos y despliega todas sus fuerzas para convencernos de que somos eso y además de que cuando alguien no se acerca a estos estereotipos, entonces es un fracasado o un rebelde peligroso. Por qué es posible que eso ocurra? Por qué con tanta facilidad se cae en la trampa social y se asimila tan profundamente los paradigmas de una sociedad, cuando en muchas ocasiones se es consciente de la banalidad de la misma, de su superficialidad. Tal vez el origen de todas estas confusiones radica en la complejidad de construir una respuesta a la pregunta quién soy, que empuja a transformarla en algo más cercano, qué soy.

La respuesta a quién soy implica un proceso profundamente existencial, autónomo, propio, nunca mecánico y mucho menos racionalista. Nadie puede encontrar esa respuesta en nombre de otro o para otro. El camino, es decir, la Vida, debe ser transitado por quien está comprometido con esa pregunta, viviendo en profundidad, superando la superficialidad, dejando atrás el sobrevivir y ocupándose del vivir. Que cosa tan curiosa que resulte tan difícil el vivir para la inmensa mayoría de las personas. La sociedad humana se ha ido haciendo tan complicada que a penas si hay tiempo. Todos van y vienen brincando de una cosa a la otra con la idea fija de que entre más ocupaciones se tengan, mejor. Un ser humano socialmente importante suele ser alguien con una agenda diaria muy comprometida. En esa carrera desenfrenada, es claro que no hay tiempo para vivir, porque el vivir requiere de pausa, mesura, atención, relación, vínculo, observación. Y cuando no es posible vivir, porque no es posible la profundidad, entonces frente a la Existencia se acude a la pregunta qué soy, para la cual solo se requiere elaborar respuestas racionales como lo señala K. Wilbert.

Usualmente se abandona el quién por el qué soy, por la superficialidad con que se acomete la Vida. Hoy la sociedad humana, desde la producción y el consumo, se esfuerza en convencer a sus miembros que simplemente son agentes productivos y consumidores. Solo eso. Así, racionalmente se pueden construir modelos o estereotipos sustentados por imágenes de éxito de acuerdo con parámetros de producción y consumo que la misma sociedad define. Quien no los alcanza suele ser señalado y marginado. Cabe mencionar que en otras épocas los parámetros los han dictado los religiosos, los políticos o cualquier necio megalómano.

Insistir en el qué soy lleva a las personas a vivir vidas prestadas o como lo propone Oscar Wilde: “La mayoría de la gente son otra gente, sus pensamientos son la opinión de otros y sus vidas son una imitación, sus pasiones son una cita de otra persona”. Esto crea un gran vacio existencial puesto que se persiguen imágenes que nunca terminan de concretarse. Quien vive vidas prestadas o sea, tomadas de lo que se le dice que hay que ser, algún día inevitablemente caerá en un profundo cansancio de intentar algo que no es posible. Vivir persiguiendo estereotipos o vivir vidas prestadas (las que señalan los padres o el esposo o la esposa o cualquier agente social), resulta tremendamente agotador.
Una buena posibilidad para responderse a si mismo quién se es, a través del vivir o simplemente sin vivir vidas prestadas, es la Iniciación en la Verdad y en la Vida. Iniciarse en la verdad no en la mentira. Iniciarse en la vida no en la muerte. Esto hay que hacer un esfuerzo por asimilarlo.

La verdad no es la verdad pregonada por la sociedad de consumo; es la verdad formulada por la Existencia. Mientras que la sociedad de consumo nos envuelve en las veleidades del tener-hacer (se es lo que se tiene y si no se tiene, no se es nada), la Existencia propone el ser-estar. El tener-hacer se plantea mal desde el principio en cuanto que todo el potencial humano se orienta a acumular cosas, objetos, quereres, saberes, en un afán esquizofrénico que suele conducir al mal-estar. Hay un esfuerzo tremendo por tener y para ello se hace lo que sea llegando inclusive al descuido que se resume como malestar, sentirse mal a pesar de que se tiene. No se trata de no tener; se trata de que lo que tengo no me tenga a mi y la medida siempre será el bienestar: sentirse bien. Y el asunto no termina allí. Así como se formula una relación dual y de doble vía entre el tener y el hacer (consumir y producir), desde la Existencia misma el estar se relaciona con el ser igualmente en una relación dual y de doble vía. No se puede estar sin ser y no se puede ser sin estar. Ahora, quien se encuentra en malestar no podrá reconocer lo que auténticamente es; la angustia, el sufrimiento, se lo impide. Por el contrario, desde el bienestar es posible darse cuenta que hay algo que permanece a pesar de que todo cambia inexorablemente.

Tal ves esto sea otra forma de plantear aquello de la salud y la consciencia que propone el MAESTRO José Marcelli. Según el MAESTRO Marcelli se debe cuidar de la salud en lo humano y cultivar la consciencia de lo sagrado (un potencial eterno e infinito). Y vale la pena aprovechar la oportunidad para insistir en que lo humano y lo sagrado, son dos aspectos de lo mismo. No están aislados uno del otro, se mezclan, interactúan, se sustentan entre ellos, coexisten. Así ocurre con el estar y el ser. No hay límite o frontera entre uno y otro: estando se es y siendo se está. Para lo humano no se puede ser sin estar y no se puede estar sin ser. La única diferencia entre lo humano y lo sagrado y entre el estar y el ser, es que lo humano y el estar son cambiantes, mutables y lo sagrado y el ser, no. En fin, por correspondencia podría decirse que se está en lo humano y se es en lo sagrado.

Por lo demás ya se ha dicho que el camino, la verdad y la vida son uno solo. Por eso quien vive no solo no perdiendo detalle sino cuidando de ellos, atento, observante, curioso, presto al asombro y a la risa, está vivo. La superficialidad ya mencionada, la distracción, el descuido, la ausencia del humor, la mecanización en la cotidianidad, lo anodino e indiferente son propios de quienes están muertos en vida, sepulcros andantes como también se les ha llamado. La verdad del ser y estar debe permanecer enriquecida con vida, es decir, con detalles, atención, observación, curiosidad, asombro, humor….

Así pues, el que camina la Vida desde la Verdad que hay en ella se encontrará con la respuesta a la pregunta quién soy, que siempre ha estado dentro. Entonces comprenderá la suave sonrisa del Budha, la danza de Krishna, el resplandor de Moisés, el vuelo de Quetzalcóatl y la confianza profunda del MAESTRO Estrada. Podrá decir: Yo Soy El Que Soy y no tendrá que explicar nada porque su sola presencia lo dirá todo.

H. Gurú Gerardo Motoa Garavito
www.redgfu.net/gmg
30 de agosto 2009

Descargar versión word (doc) de este documento.
Descargar versión acrobat reader (pdf) de este documento.

viernes 1 de mayo de 2009

Cognosis: El encuentro con el conocimiento aplicado

Reconocer la existencia de un orden inteligente en todo esto que llamamos Vida, es un asunto de fondo para un ser humano que se precie de serlo. Orden porque parece que todo está en su lugar y tiene centro, e inteligente porque señala un propósito, una finalidad a pesar de que puede ser desconocida o misteriosa. La aceptación de esta premisa obliga a estudiar dicho orden; su rechazo implica resignarse como lo señala Bernard Haisch en su Teoría de Dios, a la maximización de la entropía y a la consecuente destrucción del Cosmos incluida la vida humana.

Naturalmente de este planteamiento surgen un conjunto de preguntas entre las cuales podrían seleccionarse algunas como: dónde se origina tal orden, por qué existe, cómo opera y cómo un ser humano interactúa con dicho orden. Para responder a estos interrogantes, en principio es posible plantear conjeturas usando la palabra de Karl Popper cuando se refiere a la ciencia, o creencias cuando se acude a la religión. Científicamente puede sustentarse que el orden es producto de la existencia de leyes. La religión en cualquiera de sus posibilidades propone el orden como un refinamiento de la voluntad divina.

La Iniciación, entendida como un esfuerzo permanente mediante el cual se responde a la pregunta quién soy yo a través de la experiencia profunda de la realidad, de lo real y la verdad que estructuran la VIDA misma, sin especulaciones intelectuales, reconoce que el orden tal como lo señala la ciencia, es producto de la manifestación de leyes y de fuerzas que existen para que dichas leyes se cumplan. También la Iniciación acepta la existencia de diversos ordenes que interactúan y se afectan, conformando un gran orden lleno de inteligencia y misterio. Así pues, es dado reconocer un orden que abarca la Vida en todo aquello que puede definirse como de nivel inferior a lo humano, lo infrahumano, expresado como vida o reinos de lo animal, vegetal y mineral. Igualmente, la vida humana manifiesta su propio orden y siguiendo ese camino vale admitir la posibilidad de un orden superior a lo humano, lo suprahumano.

Se entiende por ley una regla o norma que se cumple invariablemente. Más allá de las leyes y principios que rigen la materia y de las constantes que le estructuran como universo, los elementos químicos que la componen obedecen a una fuerza que resume todas las leyes que los rige y que les impele a reaccionar unos con otros formando moléculas que crecen en complejidad y tamaño. La vida vegetal, más elaborada que la manifestada en el llamado reino mineral, tiene su propio orden movido por otra fuerza que funcionalmente obliga a las plantas a buscar incansablemente la luz del sol para cumplir con ese cometido vital llamado fotosíntesis. A su vez, en el mundo animal todo se resuelve obedeciendo a la poderosa e incontrovertible fuerza del instinto de conservación de la vida. La vida animal se ordena mediante el instinto, una forma de consciencia colectiva para la cual lo que importa es la especie y no el espécimen.

El asunto con relación a la realidad humana es que su propio orden, a diferencia del orden de los reinos mineral, vegetal y animal, es un orden dinámico. Se ajusta, cambia, se modifica permanentemente siempre pretendiendo un equilibrio. Este orden interior se parece mucho a lo que se ha contado debe ocurrir en el mundo de las partículas cuánticas. Existen leyes que lo rigen pero su manifestación está sujeta a probabilidades de ocurrencia. Por ello la consciencia humana y el comportamiento inteligente que le debe acompañar, tiene como propósito buscar ese equilibrio dinámico que no está predeterminado, que se está haciendo permanentemente. Es decir, un elemento químico, un planeta, una estrella, una planta, un animal, no escoge el camino, no tiene posibilidad de elección, solo sigue la fuerza que le mueve. El ser humano puede construir orden o desorden como ejercicio de su consciencia o de la ausencia de ella. En ambos casos las consecuencias son evidentes: salud si se cumple con las leyes o enfermedad como producto de su desobediencia. Darse cuenta del orden natural es objeto de la consciencia humana y vivir de acuerdo con ese orden es un principio manifiesto de inteligencia. Es decir, no basta con darse cuenta del orden hay que actuar en consecuencia, o sea inteligentemente. Y todo ello como base para la construcción de una vida que manifieste bienestar, felicidad y trascendencia.

Para analizar esto empecemos por lo físico de lo humano. El orden en el cuerpo humano puede proponerse como el resultado de la lucha permanente por lograr un equilibrio dinámico entre tensión y relajación, entre rigidez y soltura. Se requiere desarrollar una consciencia sensorial para reconocer estos dos estados. A través de esta consciencia sensorial el ser humano se da cuenta de su estado de tensión o relajación, en ocasiones profundo hasta ser orgánico y no solo muscular. La tensión suele producirse de manera inconsciente, casi como un reflejo. La relajación y el aprendizaje que implica soltar, en principio la musculatura y de fondo como actitud de vida, obedece a un esfuerzo consciente. La consciencia sensorial implica una verdadera escucha del cuerpo físico, que debe tener como consecuencia un comportamiento inteligente en cuanto que la forma de actuar apunte en la dirección de un desarrollo físico saludable y lleno de bienestar. Comer en cantidad y calidad adecuadas, dormir lo justo y apropiado, ejercitarse sin excesos y sin perezas, pueden ser ejemplos de lo que significa la inteligencia física. Soltar relajadamente, escuchar el cuerpo y actuar consecuentemente es la trinidad necesaria y básica para la salud u orden del cuerpo físico.

Lo afectivo, energético, anímico, emocional, configura lo que se suele llamar el cuerpo astral en los ámbitos esotéricos. Lo simplemente energético es producto de las expresiones positiva y negativa de la energía, no propiamente en el sentido de bueno y malo, sino como manifestación de polaridad. Lo positivo (yang en el lenguaje chino), se identifica con lo duro, rígido, caliente, externo, seco, nervioso, entre otras posibilidades. Lo negativo (el yinn de la tradición china) resaltado en lo suave, flexible, frio, interno, húmedo, reposado. El orden en lo anímico es producto del equilibrio de estos dos polos energéticos. Mucho Yang lleva al ser humano a estados de estrés con implicaciones tales como la hiperactividad, la agresividad, el agotamiento. Mucho Yinn conduce a manifestaciones depresivas de aislamiento, decaimiento y hasta abandono.

El orden o desorden energético requiere para su valoración, precisamente de una consciencia definible como valorativa o anímica. A través de ella es posible que un individuo pueda reconocer el estado en que se encuentra, en el sentido de identificar en qué dirección positiva (yang) o negativa (yinn) se está moviendo y por lo tanto que consecuencias puede estar generando. El equilibrio dinámico entre estas dos tendencias requiere del desarrollo de una inteligencia emocional, o sea de la acción inteligente necesaria para balancear la presencia energética de yang y de yinn, expresada finalmente como estados afectivos o emocionales. La fuerza que permite este equilibrio dinámico y a la que hay que aprender a manejar puede significarse como fluir. La salud emocional y la felicidad como capacidad de responder a los retos de la vida mediante una percepción constructiva de la misma, es producto del manejo de ese fluir. Tal vez vale la pena resaltar que la sociedad actual está fuertemente inclinada a lo yang (lo masculino-patriarcal) y por lo tanto sobre estimula al ser humano en ese sentido. Fluir inteligentemente permite controlar estos excesos para no caer en la trampa existencial de buscar éxitos y reconocimientos efímeros.

Los seres humanos también pueden disfrutar de una consciencia intelectual que debe acompañarse de una inteligencia social. La consciencia intelectual puede entenderse como la posibilidad inicial de reconocer la existencia de un ego, de formalizar una auto-imagen. Surge inicialmente con el desarrollo de la capacidad de análisis y lógica propias al pensamiento racional. Si la consciencia intelectual se queda conformada solo por esta forma de pensamiento, su alcance será limitado puesto que siendo la razón importante para la construcción de una sociedad sana, no es suficiente. La razón como capacidad de análisis de información e identificación de las tendencias lógicas de la misma, depende de la disponibilidad y calidad de dicha información. Escasa, excesiva o mala información, puede conducir a conclusiones racionales no fiables o incorrectas. Así, para expandir la capacidad intelectual se requiere equilibrar lo racional con otra forma de pensamiento…. el intuitivo, el cual nace del manejo de una fuerza que permite descubrir el orden en lo mental: el silencio. Silenciar es el verdadero reto en lo mental.

Aprender el silencio interior potencializa la consciencia intelectual. Da al ser humano una capacidad de comprensión muy fuerte puesto que lo pone más allá de los límites definidos por la información, permitiéndole el acceso al pensamiento intuitivo. Y esta comprensión más amplia y profunda de la vida debe ser la semilla para una inteligencia social. La sola razón suele ser la causa del comportamiento estúpido y centrado en el ego que tiene en mucho esta sociedad. Cuando la consciencia intelectual es solo razón, suelen encontrarse argumentos para sustentar toda suerte de estupideces como aquellas que hacen que se destruya comida para mantener los precios de un mercado cuando se dice que hay más de 900 millones de personas en la tierra muriéndose de hambre. El darse cuenta qué implica ser un humano y reconocer la existencia de un ámbito más amplio como lo es la humanidad, requiere de la presencia equilibrada de razón e intuición. Lo otro es el comportamiento socialmente inteligente que debe llevar a que esa consciencia se respalde por acciones de madurez social; de consolidación de una sociedad sana, no autodestructiva. Como dice Krishnamurti no es saludable estar adaptado a una sociedad enferma. Esta sociedad sin el ejercicio de la inteligencia social cada vez expresará peores síntomas de enfermedad.

En la vida humana surge la posibilidad de encontrar un orden integrador de lo físico, lo anímico y lo mental que le son propios. Este orden, o síntesis como lo llama el MAESTRO José Marcelli, en si mismo tiene el carácter de espiritual[1] y es esta condición, la de alcanzar la espiritualidad, la que le permite a cualquier persona elevarse de la condición de animal racional para afirmarse como un ser humano. Este orden integrador, espiral como también lo señala el MAESTRO Marcelli, deber ser construido, debe ser elaborado por cada quien y requiere para su desarrollo de una forma de consciencia a la que puede llamársele integradora o mística. Mística no en el sentido devocional o contemplativo religioso, sino en cuanto se da el encuentro con algo que empieza a tener una expresión trascendente. La naturaleza humana tal como el gran cosmos refleja una permanente lucha entre el orden y el caos. La consciencia mística permite darse cuenta de esta lucha y señala el camino que permite ese orden integrador entre lo físico, anímico y mental de lo humano. Sin la consciencia mística no es posible ir más allá del animal racional, un ego que se agota con el tiempo y se sumerge inexorablemente en un deterioro o angustia existencial (el caos): vivir y morir solo porque se está vivo y solo porque se muere. Es ella, la que muestra el principio o inicio del descubrimiento de la verdadera existencia, permitiendo empezar a saborear ese orden que comienza a darle sentido al vivir y al morir.

Darle énfasis al orden sobre el caos exige Amar. Amor que al final de cuentas no es más que una fuerza que une, que vincula y que como tal debe ser manejada. El amor por si solo puede convertirse en una poderosa fuerza destructiva, afirmación que tal vez asombre y hasta escandalice a muchos a pesar de que la historia humana está llena de cruentas historias de amor. La consciencia mística, el descubrimiento de un orden integrador, debe ser la simiente para el ejercicio de una inteligencia espiritual o sea de una vivencia del amor para que la vida florezca, en un principio conocido como la rosa mística: un amor que afina y refina lo humano. Esta inteligencia espiritual se construye mediante un comportamiento amoroso, recreado por la vivencia natural de valores resumidos en posibilidades de acción tales como el respeto, la responsabilidad, el servicio, el discernimiento, la congruencia. Si el amor no se expresa mediante estos valores entonces no será inteligente y por lo tanto creara conflicto con el orden alimentando el caos, la destrucción, la enfermedad.

Y claro, existe un orden que trasciende lo humano. Su descubrimiento le exalta hacia la realización de aquello que solo ES, porque es eterno e infinito, sin atributos. Realización que se resume a si misma como libertad, no en el sentido de hacer o no hacer propio a la sociedad humana o de asumir el si o el no como lo señala Octavio Paz, sino como vivencia profunda de lo imperecedero, inmutable, inconmensurable. No es la libertad relativa de lo espacio-temporal, es la libertad de Ser. Libertad es un sustantivo, no un verbo y por tanto no se puede conjugar: se es o no se es. Ser, simplemente ser, sin mas calificativos y que se expresa mágicamente en la vida humana como trascendencia, como ponerse más allá de las circunstancias. Quien descubre y vive ese orden de lo Sacro o Sagrado, es libre porque las circunstancias o la historia no le determinan y tal vez entonces se encuentre con la inmortalidad de los Budas, Cristos, Quezalcoalts, Tunupas, Estradas,….

En fin, todo orden como ya se señaló se sustenta en leyes que se pueden estudiar, reconocer. Un ser humano debe estudiar las leyes que rigen su vida, para obedecerlas y contribuir con el orden que señalan. Esto es cognosis. Cuando un ser humano asume la responsabilidad sobre si-mismo entonces acepta la gracia o desgracia que ha construido, el orden o desorden que ha vivido. El es el responsable de su propio destino, un tanto al estilo del existencialismo sartriano que pone a todo hombre en posesión de lo que es y hace recaer sobre el la responsabilidad total de su existencia, o como lo propone en sus propias palabras el MAESTRO J. M. Estrada: “Las pruebas del Sendero para cada quien son diferentes y cada quien las va resolviendo y afrontando según su propia realización. La Iniciación es muy íntima, muy personal. Mientras no se reconoce esto, no hemos encontrado el verdadero Sendero Iniciático".

[1] Ver Espiritualidad, ¿Qué es eso?

H. Gurú Gerardo Motoa Garavito
www.redgfu.net/gmg
28 de abril 2009

jueves 5 de febrero de 2009

Espiritualidad, ¿Qué es eso?

“Bueno, y cómo hacerle entender a quienes son católicos o cristianos en cualquiera de sus vertientes, que en su charla no les va a cambiar de religión”, inquirió al aire un periodista que amablemente me había invitado a participar de su programa de radio. Está claro que esta pregunta se origina en una de las eternas confusiones humanas: espiritualidad y religión y ya es hora de deslindarlas para beneficio del mismo ser humano y sus aspiraciones de realizar una comprensión existencial de la Vida.

Asimilar la espiritualidad a la religión siempre ha ido en detrimento de la primera, menoscabando su carácter laico, lo que en consecuencia ha llevado equivocadamente a definirla como la “ciencia que estudia y enseña los principios y las prácticas que componen la piedad o el servicio a Dios”. Puesto que como lo señala Krishnamurti la espiritualidad consiste en descubrir y mantener un orden interior, o como lo propone el MAESTRO José Manuel Estrada, la espiritualidad corresponde al estudio de las leyes que rigen el universo, entonces las creencias, actitudes y prácticas relacionadas con un culto a cualquier dios, son propias a la religión y nunca a la espiritualidad.

Hoy, en esta era llamada de Acuarius, es el momento preciso para avanzar en la profundización teórica de una espiritualidad laica y en la vivencia clara y precisa de la misma. Así pues, si la espiritualidad tiene que ver con el descubrimiento y mantenimiento de un orden interior o con el estudio de leyes que al final de cuentas son las que permiten el orden, entonces, para determinar en qué consiste ese orden es necesario afinar qué es lo que en últimas se ordena o desordena.

Para empezar hay que señalar que venimos a este mundo disponiendo de tres cuerpos, realidades o posibilidades: lo físico, lo anímico (energético) y lo mental. En principio, no hay más que tres cuerpos desbalanceados, asincrónicos y desalineados, es decir, desordenados.

Desbalanceados, porque siempre hay en el ser humano una tendencia a interesarse con mayor intensidad por alguno de los tres aspectos. Por ejemplo, si a alguien se le invita a una conferencia, quien es proclive a lo físico preguntará por el sitio (¿Está lejos? ¿Es cómodo?), ¿darán algo de comer?; si se inclina más por lo anímico entonces mostrará preocupación por si conoce o no personas que van a ir, por el ambiente en que se desarrollará el evento o quizá se motivará si el conferencista le parece buena persona, alguien de confiar; aquellos a quienes les mueve más lo mental analizarán el tema, la trayectoria del conferencista y hasta la solidez intelectual de quienes promueven el evento. Existen tendencias claras en cada uno de los seres humanos que le impulsan con mayor énfasis e interés en alguna de las tres realidades o posibilidades señaladas. El desbalanceo resalta el desequilibrio entre los pesos que soporta cada uno de los tres cuerpos exaltando alguno de ellos en detrimento de los otros dos.

Los cuerpos de un ser humano son asincrónicos en el sentido de que la persona no tiene una experiencia de presente, o sea, de aquí y de ahora. Usualmente un ser humano al encontrarse en un sitio y situación suele de hecho estar físicamente presente, pero muchas veces su cuerpo anímico (emocional) está en otro sitio o momento apegado a recuerdos o estados afectivos, y su cuerpo mental, mucho más volátil que los otros dos, estará comprometido con ideas, pensamientos o compromisos que le sustraen al momento presente. La asincronía de un ser humano, tal como ocurre con los vehículos a motor, lo debilita fuertemente; le lleva a perder mucha fuerza y capacidad y se expresa como ausencia de presente o distracción, falta de atención y pérdida del estado de alerta.

La desalineación humana de los cuerpos físico, anímico y mental conduce a perder perspectiva y profundidad. Ella consiste en que los tres cuerpos usualmente apuntan y avanzan en diferentes direcciones movidos por diferentes intereses, tal como tres rostros con la mirada orientada cada uno en uno sentido particular. Cada uno de ellos busca lo que le motiva sin preocuparle si se integra o no con lo que buscan y encuentran los demás cuerpos. La desalineación en un ser humano lleva aparejada la angustia de no saber qué camino tomar, puesto que su cuerpo físico le dice una cosa, el emocional otra y el mental le señala cualquier otra posibilidad.

El camino de la espiritualidad debe llevar a un ser humano a avanzar en el propósito de un orden interior como ya se señaló; es decir, la espiritualidad implica balancear, sincronizar y alinear los tres cuerpos. O como lo señala el MAESTRO José Marcelli, lograr la suma de tres posibilidades resumidas en una: el espíritu. Un espíritu o vivencia espiritual de la Vida debe ser construida, trabajada y no es recibida de la Vida más que como una potencialidad. Potencialmente es posible desarrollar esta posibilidad. Es ello lo que gesta la diferencia entre un animal racional, como corresponde a la inmensa mayoría de seres humanos y un Ser Humano. Podría decirse que quien ha desarrollado su espiritualidad logra un principio de identidad en el presente, que le permite vibrar en el cuarto plano o dimensión de los siete que estructuran el Universo en el que nos encontramos; ya no es más un animal racional. Como es fácil deducir, un ser humano que solo mantiene su vida manifestada en los tres cuerpos básicos, igualmente solo podrá vibrar o asimilar las vibraciones propias a las tres dimensiones físico-energético-mental correspondientes en el Universo.

El principio de identidad vivido por quien desarrolla la espiritualidad o aprende a vivir espiritualmente, se caracteriza por la expresión natural de valores (que precisamente valorizan la vida):
1. No puede ser manipulado porque dispone de la capacidad de DICERNIR. Es decir….: se da cuenta de lo que conviene rechazando lo estéril; diferencia lo válido de lo inútil; no puede ser engañado con dádivas o sometido con amenazas.
2. Una persona espiritual expresa CONGRUENCIA entre lo que dice y lo que hace, por lo que nunca será un fantoche ni asumirá falsas modestias.
3. La RESPONSABILIDAD sobre si-mismo es un atributo importante de la espiritualidad. No hay ya tentación ninguna de echarle la culpa a nadie o a nada de lo que suceda con la vida particular.
4. Quien es espiritual entiende y asume el SERVICIO a la Vida de manera impersonal y abnegada. Impersonal porque no está reclamando ningún reconocimiento para si-mismo y abnegada porque pone lo mejor de si, sin reserva alguna.
5. No menos importante que los anteriores es el RESPETO hacia todos los seres eliminando cualquier tipo de prejuicio. Un principio de identidad en el presente lleva a un ser humano a respetar a todos los demás seres humanos (y demás seres) sin distingo alguno de credo, raza, color, sexo u orientación sexual, condición social o física, edad, u opinión política.

Tal vez estos atributos o cualidades de la espiritualidad sean otra forma de hablar del amor y libertad siempre señalados por el MAESTRO José Marcelli como propios a lo espiritual. La espiritualidad es la base a partir de la cual un Ser Humano puede lanzarse a fronteras superiores y en ese sentido el Amor se convertirá en una experiencia de lo a-espacial (lo infinito) y la libertad se transformará en una experiencia de lo a-temporal (la eternidad). Un presente que converge y diverge eternamente (libremente) e ilimitadamente (amorosamente), permitiendo que se manifieste una Identidad profunda con la Existencia o Vida y ya no tanto un atisbo o principio de identidad.

Y cómo desarrollar esta espiritualidad? Por puro contraste con la religión es posible estructurar un método de trabajo que le permita a un ser humano lograr una vivencia espiritual de su vida. La religión, cualquiera que esta sea, exige a sus fieles o seguidores por lo menos tres cosas: una moral, unas creencias y un culto. La espiritualidad se propone una ética y no una moral, un encuentro con el conocimiento aplicado a la vida (cognosis) y no creencias, y no requiere de ningún culto pero exige autodisciplina.

El filósofo español Fernando Savater define la ética como el saber vivir o el arte de vivir, señalando que en ese sentido la ética configura un medio mediante el cual el ser humano ejerce la libertad de escoger entre lo conveniente y lo inconveniente, evidentemente aceptando la posibilidad de equivocarse y por lo tanto afinando su capacidad de acertar. En cualquier caso la ética se diferencia de la moral porque la primera se construye sobre principios universales, la segunda obedece a un conjunto de reglas que se acuerdan y que en muchos casos surgen como resultado de componendas. Por ello en muy común encontrar, que lo que en algunos pueblos o regiones se establece como moral, en pueblos y regiones diferentes o les parece inmoral o francamente les tiene sin cuidado. Es muy fácil encontrar ejemplos de ello en muchos temas, especialmente en aquellos que suelen ser tan sensibles como los sexuales.

Si la ética obedece a principios universales, cuáles podrían asumirse como tal para estos nuevos tiempos. Una buena propuesta es el Yama, las abstinencias propuestas por Patánjali en los Yoga Sutras de lo que se conoce como Yoga Clásico; es decir: Abstenerse de Violencia (NO VIOLENCIA - AHIMSA), abstenerse de robar (NO ROBAR - ASTEYA), abstenerse de mentir (NO MENTIR - ASATYA), abstenerse de codiciar (NO CODICIAR - APARIGRAHA) y BRAHMACHARYA, que se suele traducir como abstinencia sexual. Estos cinco principios se han planteado como tales desde tiempos inmemoriales en diferentes latitudes, aunque con nombres diversos como no matar, honestidad, no levantar falso testimonios, etc.

El gran problema de los principios es que si no están acompañados de un medio para su desarrollo, entonces, no pasarán de ser reglas de autocontrol muy cercanas a una moral. El ser humano en general suele perder la lucha contra las reglas de autocontrol. Por más que una persona, por ejemplo, insista en no mentir siempre encontrará la forma de justificar la mentira, y si asume no mentir en todas sus posibilidades entonces tendrá un sin número de conflictos porque no tenemos un mundo preparado para actuar desde la verdad. La solución para desarrollar los principios señalados como abstinencias es lo que el Yoga Clásico enseña como NIYAMA, o sea las observancias. Si se quiere lograr el YAMA (las abstinencias) hay que cumplir con el NIYAMA (las observancias).
Así pues: para conseguir la NO VIOLENCIA actuar mediante la PUREZA o LIMPIEZA (SAUCHA); hay que evitar poner cualquier tipo de basura o chatarra en el interior a través de cualquiera de los sentidos. Inclusive, dado que es imposible controlar la calidad (en el sentido de bueno, bello e inteligente) de todo lo que se ve, escucha, saborea, ingiere o se palpa, entonces es bueno de vez en cuando usar alguna forma de limpieza (comer poco alguna vez, no ver televisión por algún tiempo, etc.). Para vivir el NO ROBAR, no solo en el sentido de tomar objetos inadecuadamente, hay que vivir la AUSTERIDAD (SANTOCHA), es decir, no tener lo que no se necesita o no se use. Llenarse de objetos que no se necesitan o usan, suele llevar a trabajos innecesarios que consumen energía propia o ajena y que al final son una forma de robar a si mismo por esfuerzos innecesarios; igualmente es posible robar en el sentido de negarles a otros la oportunidad de que dispongan o accedan a lo que se atesora innecesariamente, tal como ocurre con los libros para citar solo un ejemplo. El AUTOESTUDIO (SVADHYA) es el camino para el NO MENTIR. La mentira siempre surge del deseo de engañar, dañar o inclusive ostentar lo que no se tiene o se es. El autoconocimiento, el descubrimiento de lo que se tiene y de lo que se es, por mucho o poco que parezca suele ser suficiente para darse cuenta del enorme potencial de la vida de cualquier ser humano, y entonces: para qué mentir? Sobra la mentira. No hay necesidad de autoengaño o aun del más mínimo intento de engañar a otros. Eliminar la CODICIA puede lograrse a través del CONTENTAMIENTO (TAPAS). El contentamiento, un gusto existencial, un gusto por estar vivos por el solo hecho de estarlo si más calificativos. La Vida tiene la suficiente magia (belleza, bondad, inteligencia) en si misma para que cualquier ser humano que la descubra viva confiado, encantado y feliz. Con ello, qué se podría codiciar; qué se podría desear de manera exacerbada diferente a vivir mágicamente, es decir, en confianza, con encantamiento y felicidad.

Capítulo aparte requiere proponer una acepción de BRAHMACHARYA. Este es uno de los cuatro ashramas o etapas en la vida de un brahmán o sacerdote hinduista. Literalmente significa “el que se mueve con Dios (Brahma)” o inclusive, “el que estudia a Dios”. Son los vedánticos (religiosos) los que le han dado la acepción de celibato, castidad o NO SEXO. Muy seguramente esto se puede explicar en cuanto que para todos los religiosos, el sexo es un demonio provocador y fuente de perdición. Si el concepto es de estudio a Dios, entonces, Brahmacharya debería traducirse como la NO CREENCIA. No hay que creer en Dios, hay que estudiarlo. Y es posible que en algún momento de la tarea de estudiar a Dios, se requiera el celibato, pero siempre será temporal, porque Dios tendrá también que ser encontrado en la sexualidad, en la cual tiene una poderosa presencia. Estas ideas llevan a recordar aquello que afirmaba el MAESTRO Estrada de que, “a Dios se le ha pedido, a Dios se le ha rogado, pero a Dios no se le ha estudiado”. Ya es hora de hacerlo.

ISHVARA PRANIDHANA es lo que propone el NIYAMA, que puede ser asimilado como el impulso para desarrollar BRAHMACHARYA. Suele traducirse como entrega a dios, o culto a dios, y en la misma línea de brahmacharya, estas definiciones surgen de la concepción vedántica de la Vida. Ishvara Pranidhana puede proponerse como… tener una idea de dios, la que sea. Ya sea la idea del dios judeo-cristiano (duro, cruel, justiciero y en ocasiones amoroso); o como alguno de los dioses hindús que suelen ser danzantes y sicológicamente más humanos; o simplemente como un potencial puro; o como lo propone el MAESTRE S. R. de la Ferriere, una inteligencia inconsciente; o la idea de dios que postula el MAESTRO Estrada: “un conjunto de leyes”. Inclusive, se vale no tener una idea de dios en cuanto pensar que no hay nada a quien o a que reconocer como dios. Así pues quien tiene una idea de dios, cualquiera que esta sea, deberá como un principio ético estudiar esa idea (brahmacharya), no simplemente creer en ella.

Tal vez haya que redondear estos planteamientos sobre la ética, señalando que quien va logrando el Yama (no violencia, no robar, no mentir, no codiciar, no creencia), a través de la práctica del NIYAMA, va modificando todas las situaciones o circunstancias que lo pudiesen llevar a la violencia, al robo, al mentir, al codiciar y a la creencia. No tiene que luchar o autocontrolarse para llegar al YAMA.

En cualquier caso, la espiritualidad nunca exige una creencia de ningún tipo. Se puede ser ateo y profundamente espiritual. Las creencias suelen ser la fuente de muchas de las guerras llamadas santas, que de paso hay que decirlo se caracterizan usualmente por su gran crueldad y aprovechando la oportunidad es bueno insistir en que ninguna guerra se justifica y todas ellas son la más clara expresión de estupidez humana.

En lugar de algún tipo de creencia, lo que sí requiere la espiritualidad es el estudio de las leyes que rigen la Vida en todas sus manifestaciones. COGNOSIS, puede ser una buena palabra para designar este empeño de estudiar las leyes de la Vida y darles un sentido útil para cada quien. No se trata de estudiar las leyes de la Vida en un mero esfuerzo intelectual. El propósito es ayudarse de la comprensión de las mismas, para mejorar la vida personal en el sentido de bienestar, felicidad y trascendencia. Existen diversas formas de aproximación a este objetivo. Por ejemplo, el estudio de las siete Leyes que según la tradición Hermética sustentan el universo es una buena forma de hacerlo. O se puede avanzar a través del estudio de las leyes expresadas como los sellos del León de la Tribu de Judá. Así pues, por ejemplo, cómo es posible asimilar para la Vida cotidiana que de acuerdo con la tradición Hermética “todo en el universo es mental, todo es mente”, y que en esa misma línea según el tercer sello del León de la Tribu de Judá “Dios es el conjunto de leyes a través de las cuales existe todo lo que vemos y palpamos”. Si todo obedece a Leyes, entonces todo expresa un Orden Inteligente (mental). Quien ha asimilado este conocimiento vive inteligentemente porque obedece al orden y entiende que el desorden es enfermedad y entonces su propósito será afirmarse en el orden (salud) y avanzar inclusive en el descubrimiento de ordenes inteligentes superiores al humano (consciencia).

Quien no estudia las Leyes que rigen la Vida y vive de acuerdo con ellas, tendrá que pagar a través del sufrimiento por vivir en este planeta. Su ignorancia según el Buda, le llevará a cargar con el peso del desorden existencial o incumplimiento de las Leyes y por lo tanto al sufrimiento.

La ética y la cognosis se refuerzan en la construcción de espiritualidad mediante la AUTODISCIPLINA. La espiritualidad, así como se aleja de la moral y no exige ninguna creencia, tampoco requiere de un culto. Pide, eso si, autodisciplina mediante la cual se busca entre otras cosas, regular todos nuestros procesos físicos, energéticos y mentales y sus facultades correlativas permitiendo el desarrollo de las consciencias, que según propone el MAESTRO José Marcelli corresponden a la sensorial, valorativa, intelectual e inclusive mística. Esta última solo suele darse en quien efectivamente logra una experiencia realmente espiritual y se pone más allá de su condición de animal racional como se señaló en párrafos anteriores.
En fin, el camino mediante el cual se avanza en la vivencia de la ética, la cognosis y la autodisciplina lleva al encuentro con la espiritualidad; al descubrimiento de un orden interior que complementa al orden exterior, usualmente objeto de estudio de la ciencia. Es decir, que permite descubrir que la espiritualidad complementa a la ciencia tal como lo manifiesta Krishnamurti y que no es la religión la que cumple con este oficio.

La religión se opone complementariamente a la Iniciación como vías de desarrollo trascendente. Es decir, cuando un ser humano se inquieta por entender lo que significa la Vida, en el sentido del “darse cuenta” de K. Wilber y no en el de una simple aproximación intelectual, entonces puede asumir como posibilidades básicas a la Iniciación y a la Religión. La Iniciación implica un esfuerzo permanente de construir respuestas a las preguntas existenciales que se pueden llegar a formular en la vida humana (quién soy, qué hago aquí, de dónde vengo,….). Para ello la Iniciación se apoya en la ciencia y en la espiritualidad. La primera para buscar la comprobación empírica (experimental) de lo que se afirma o dice y la segunda, para darle sentido a esa experimentación, en cuanto que no se vale todo. Si quiero saber de la utilidad de la meditación debo practicar meditación, pero no requiero tomar licor para darme cuenta lo que significa ser un borracho. Por su parte la religión es el camino de las respuestas preestablecidas, predefinidas y que por lo tanto lo que exige es una creencia en estas respuestas. Como tal no implica una posición científica – espiritual que provea de la consciencia necesaria para formular las propias respuestas. Solo requiere la creencia en lo que ya se ha formulado por alguien y de paso, casi siempre, un culto a ese alguien.

Por lo demás, con lo expresado en estas líneas es fácil concluir que se puede llegar a vivir espiritualmente sin la práctica de ninguna religión. Es posible deducir que hay seres humanos espirituales que no son religiosos y muchos religiosos no son espirituales. Tal vez la única acepción valida de religión para un espiritual es la de “religare” o reunir, pero no en el sentido de unión con algún dios, sino en el sentido de construir comunidad centrada en el humanismo, en la mejora de la vida para todos sin exclusión ninguna.

Será la implantación de un estado de consciencia asimilado a una vivencia espiritual de la vida lo que permitirá desarrollar una Nueva Era orientada hacía un humanismo que se refleje en la equidad, la sabiduría y la fraternidad. Sin la vivencia de una espiritualidad alejada de la religión, esto no pasará de ser una quimera, un simple sueño.

PD.1. Dice el MAESTRO José Marcelli en una carta relativamente reciente: “La religión puede definirse como un conjunto específico de creencias y prácticas generalmente relacionadas con un grupo organizado. La espiritualidad puede definirse como el sentido personal de paz interior, propósito y conexión con los demás, así como las creencias acerca del significado de la vida”.

PD.2. Dice Osho: “Puedes acumular las respuestas de otros, pero seguirás siendo un ignorante”.

PD. 3. Insisto en que este escrito está orientado a quien pueda interesar. No contiene verdades reveladas ni enseñanzas. Son solo reflexiones abiertas a la controversia, que comparto con quienes les interesan tales temas, sin pretender agotarlos.

H. Gurú Gerardo Motoa Garavito
www.redgfu.net/gmg
1 de febrero 2009

sábado 3 de enero de 2009

Una reflexión en voz alta para la SOA.

INICIACIÓN, INICIO, INICIATIVA, ENTUSIASMO.
REPETICIÓN, ESTANCAMIENTO, FRACASO, FRUSTRACIÓN.

Para los seres humanos de estos tiempos, cómo comienza todo esto que llamamos Iniciación Real y Solar? Está claro que no es igual para todos. En algunos casos inicia sin proponérselo, casi por casualidad. Alguien nos invita a participar en algún grupo o en alguna clase de yoga o charla de cualquier tema cercano y de pronto sin saber cómo estamos ya involucrados. Hay quienes llegan con un cierto grado de resistencia que puede tener algún viso de temor y por lo tanto se acercan con cautela y prevención. También los hay que se aproximan buscando expresiones de espiritualidad; les gusta todo lo que suena a místico, maestros, esoterismo, orientalismo,…. Otros se acercan a lo que llamamos Iniciación Real y Solar en la Suprema Orden del Acuarius, movidos por su interés en alguna disciplina como el yoga incluida la meditación o las artes marciales. Y claro, existen otras posibilidades como aquellos que creen firmemente en la oportunidad y necesidad de instaurar una gran fraternidad en el planeta y en ven en esta institución la opción para hacerlo, o los que andan en la búsqueda de la iluminación que suelen espantarse con facilidad cuando se enteran de que solo para llegar al primero grado, que de paso sea dicho no se reconoce como iniciación real, se requieren por lo menos 8 años de disciplinas y escuelas, y aun así no hay nada garantizado. Por supuesto están los despistados que no saben ni donde están y sus parientes cercanos que lo que realmente están buscando es una religión en donde seguir un sistema de creencias, un poco hastiados o inconformes con lo conocido.

De todos estos, algunos, no muchos, llegan a despertar un sentimiento de compromiso con lo que en términos generales llamamos GFU-SOA, y entonces avanzan en un proceso de prácticas y estudios que suelen resultarles interesantes. Se descubren cosas nuevas permanentemente; hay una curiosidad sana, estimulante y sobre todo se va consolidando un plausible y confortante sentimiento de entusiasmo. Entusiasmo que mueve, anima, y frente al cual las adversidades o pruebas como le llaman algunos, o simplemente retos para no ser grandilocuentes, no representan mayor dificultad. Entusiasmo que da el ímpetu suficiente para lanzarse a grandes empresas, para acometer retos relativamente importantes. Entusiasmo que permite eliminar o por lo menos paliar en algún grado la susceptibilidad, los celos, las envidias, y el sentimentalismo entre otras emociones y sentimientos propios a quienes avanzan en un camino que implica trabajar sobre sí mismo acompañado de otras personas con diferentes talantes y talentos. Son simplemente buenos tiempos donde se va construyendo un cierto bienestar, un cierto gusto existencial que suele irse consolidando como felicidad, no en el sentido abstracto sino concreto como capacidad de ser feliz. Es decir, felicidad entendida como la capacidad de responderle a la vida acertadamente y no como un estado insulso donde no hay dificultades o retos que resolver.

Hasta aquí todo muy bien. Pero algo ocurre. De pronto y sin darnos cuenta, el entusiasmo empieza a ceder y comienza a surgir sentimientos molestos, incómodos, que amenazan todo lo recorrido y logrado. Claro, no es igual para todos en términos de intensidad o de lugar y momentos, pero aparece algo parecido a un sentimiento de derrota para unos y para otros un sentimiento de estancamiento.

El sentimiento de derrota suele estar acompañado de hastío en lo que se hace, resurgimiento de viejos fantasmas en cuanto comportamientos que se creían ya superados, incomprensión e intolerancia hacía otras personas especialmente las más cercanas. A veces inclusive hay una sensación de retroceso, una especie de retrogradación que a pesar de que se sabe no es posible, todo nos muestra que en lugar de ir hacia adelante pareciese que vamos hacia atrás. Vuelven a surgir sentimientos que parecían enterrados como la susceptibilidad, los celos o la envidia. La derrota también puede relacionarse con aquella idea de que todo por lo que hemos luchado no pasa de ser una quimera, un sueño inalcanzable y que la realidad finalmente pesa y muestra que todo aquello no era más que eso: una ilusa fantasía por la cual no vale la pena luchar.

El sentimiento de estancamiento es diferente. Apatía, lejanía con aquello que alguna vez motivó. Ni siquiera hay malas emociones o ideas, solo una fría indiferencia que hiela pero que no es suficiente para romper con la inercia. Se sigue atado a los viejos compromisos sin ánimo alguno, como quien se levanta en la mañana o se acuesta en la noche simplemente porque ya es de mañana o ya es de noche. El sentimiento de derrota suele ser amargo, el estancamiento insípido. Da igual ir o venir, entrar o salir. El sentimiento de estancamiento produce cansancio como quien salta en un mismo sitio y a pesar de hacerlo muchas veces no avanza un solo centímetro.

Tanto la derrota como el estancamiento suelen conducir inexorablemente a sentimientos insoportables de fracaso y de frustración, que finalmente llevan al aislamiento y al retiro de aquella Institución por la que en otrora se abría dado la vida, y con ello del proceso iniciático que en su momento llenó de orgullo y de dicha. Cabe entonces preguntarse por qué surgen estos sentimientos en algo tan válido y valioso como la Iniciación o lo que algunos llaman el camino de la espiritualidad y la trascendencia. Tal vez sea posible plantearse tres hipótesis complementarías, no excluyentes.

La primera hipótesis tiene que ver con lo fundamental del proceso iniciático. Con el paso del tiempo lo fundamental se va volviendo casual y hasta se llega a olvidar. Y qué es lo fundamental en todo esto? Fácil y no sorprendente respuesta: el Yama y el Niyama. Yama, las abstinencias (no violencia, no robar, no mentir, no codiciar, Brahmacharya) que suelen ser interpretados como normas a cumplir a través del autocontrol, en una batalla que suele ser perdida porque se termina expresando violencia, codicia, mentira,…. Niyama, las observancias (Pureza, austeridad, autoestudio, contentamiento, Ishvara pranidhana), de las cuales poco se habla y menos se practican. Con que facilidad el Yama y el Niyama terminan siendo el no comer carne, no fumar, no tomar licor ni café, en una actitud realmente simplista. Entonces, la primera hipótesis dice que el abandono del Yama y el Niyama, o su simplificación extrema, que puede llegar a ser lo mismo que el abandono, conduce al sentimiento de derrota propio de quien como ya se comento, con el paso del tiempo siente que no ha avanzado en la realización de su existencia y lo que es peor en algunos momentos siente que está peor que al comienzo.

El desarrollo de esta hipótesis exige detenerse un poco en su contenido. Si un individuo intenta cumplir con el Yama, no lo logrará a través de esfuerzos de autocontrol casi siempre expresados en forma de proclamas, afirmaciones, eslóganes o declaraciones de buenas intensiones. Se requiere vivir el Niyama para poder desarrollar el Yama. Solo cuando una persona cuida lo que coloca en su interior a través de los sentidos (pureza), incluido lo que pone a través de la boca, puede lograr una vida notablemente menos violenta. Cuando se recurre a la austeridad para no tener más allá de lo que se necesita o de lo que se puede realmente disfrutar, entonces no se requiere ningún tipo de expresión asociada con el robar (ni objetos o cosas, ni emociones, ni sentimientos, ni pensamientos) porque nunca lo requerirá. El autoestudio como medio de mejoramiento permanente, del ajuste del comportamiento, el camino de la disfuncionalidad a la funcionalidad, lleva naturalmente a no necesitar mentir porque no hay a quien engañar. Descubrir el gozo de simplemente estar vivos (contentamiento) y correlativamente reconocer la enorme dignidad de la vida en todas sus manifestaciones, tiene que eliminar la codicia; ello ya es bastante, para que más. Tener una idea de Dios (Ishvara Pranidhana), la que sea, sin ínfulas ni complejos de ninguna clase debe ser motivación suficiente para entrar en Brahmacharya, es decir, en el estudio de ese Dios que nos mueve y conmueve. Sea la oportunidad para decir que Brahmacharya es asociado a la castidad solo por los religiosos vedánticos. Acharya es un profesor, quien profesa un interés particular, por lo que Brahmacharya puede entenderse como quien profesa un interés por Brahma y en cuyo caso, la castidad temporal solo es un ingrediente más en ese esfuerzo de reconocer a Dios y verle cara a cara, vivirle conscientemente y no simplemente imaginarle, o anhelarle o creer en su existencia como le ocurre a la inmensa mayoría de la humanidad.

La segunda hipótesis es relativamente más fácil de plantear. El estancamiento se da por la repetición. Cuando desarrollamos ciertos conocimientos o habilidades o destrezas y las repetimos una y otra vez, naturalmente con los días surge el sentimiento de estancamiento. Nada es nuevo, todo es conocido y reconocido. Esto es una contradicción con lo que se ha señalado como Iniciación real y solar, propuesta como un camino de permanente inicio (VSA José Marcelli), basada en la iniciativa (MH SCh Gustavo Toro). La repetición de lo conocido se da porque en ella es más fácil controlar los miedos. La iniciativa siempre propone riesgos nuevos y por lo tanto ciertos temores se mueven. Además la iniciativa sin puntos de referencia puede inducir a la anarquía, lo contrario a la organización y por lo tanto a las estructuras, a las jerarquías de poder de tales organizaciones la iniciativa siempre le resulta inquietante, por lo que tales estructuras de poder casi siempre terminan apagando cualquier conato de iniciativa no programada. Solo se vale lo ya conocido por lo que se desestimulan las iniciativas no promovidas por las estructuras de poder y así se mantienen los modelos ya conocidos, que se repiten hasta que su novedad para los que se inician desaparece y entonces surge el estancamiento con las consecuencias ya mencionadas.

La tercera hipótesis podría formularse como ausencia de Discípulo. Cuando alguien logra alcanzar la dignidad de Discípulo, asumiendo que hay Maestro, es muy poco probable que en su interior surjan los sentimientos de derrota o de estancamiento. La relación Discípulo-Maestro, si realmente existe, es viva, movida, inspiradora, retadora. Cuando hay Maestro, de él surgen permanente retos y motivaciones para los Discípulos que los asumen y con ello consiguen superar lo que podría aparecer como derrota o estancamiento. El asunto es que buena parte de las personas que se mueven alrededor de un Maestro no son Discípulos. No suelen pasar de fanes (admiradores) o devotos. Fanes porque idolatran al Maestro como lo hacen algunos con las estrellas de la farándula, sin que ello implique ningún compromiso diferente a tener sus fotos, sus videos, o libros. Inclusive pueden llegar a ser expertos en la obra del Maestro y nunca llegar a ser Discípulos. Los devotos por su parte siempre buscan a un santo para adorarle y entonces lo que hacen con el Maestro es sentir una profunda devoción y esperanza de que este santo sea más santo que los otros santos y por lo tanto haga milagros más impresionantes, incluido obviamente el salvarles. El Discípulo puede que llegue a tener algo de fan o devoto, pero siempre su interés está en la obra del Maestro. Permanece alerta para captar qué promueve el Maestro, qué señala, qué propone, en fin, qué se requiere para darle continuidad a la obra y lo asume como propio y lo acomete sin restricciones ni condiciones. Este es un Discípulo y quien lo llega a ser la probabilidad de que tenga sentimientos de derrota o de estancamiento es baja y si los llega a sentir la probabilidad de que los supere es alta.

Cabe decir que no se llega a ser Discípulo de manera artificial, por presiones o por moda: hay que tener un Maestro y da igual cualquiera, ¡NO!. En la relación Maestro- Discípulo no es la persona del Maestro lo que atrae (como les ocurre a los fanes), es lo que él propone como obra y la manera como él mismo la intenta, lo que encanta. Es la identidad con esa obra lo que hace a un individuo Discípulo y tener una obra que proponer es lo hace a alguien un Maestro. Esto tan sencillo es lo que permite diferenciar un maestro, de un Maestro y de un MAESTRO y a un discípulo, de un Discípulo y de un DISCÍPULO.

Un maestro es simplemente alguien que enseña algo en cualquier campo del conocimiento, pero no tiene una obra en desarrollo. Un discípulo es aquel motivado por aprender en cualquier campo y en ese sentido a veces aprende de un maestro encarnado en una persona, en una película, en un poema…. Su interés es aprender cosas nuevas posiblemente útiles para su propia vida, pero no admite nada que le comprometa. No le interesan compromisos de ninguna índole. Hay discípulos para maestros y maestros para discípulos.

Un Maestro lo es porque tiene una obra dentro de la Obra de un MAESTRO, que a su vez hace parte de la Gran OBRA. La obra de un Maestro es lo que enamora, lo que entusiasma. Inclusive en ocasiones, no muy pocas, la persona del Maestro resulta chocante, molesta, y sin embargo el entusiasmo por la obra no decrece. El Discípulo surge en la obra, crece en ella y por ella. Su desarrollo y consolidación como Discípulo se da por su compromiso con la obra del Maestro y así ambos se ayudan, puesto que el Maestro ha aceptado de su MAESTRO parte de la Obra de este último y necesita de Discípulos para acometerla. El Discípulo mediante el trabajo en la obra de su Maestro, avanza en su desarrollo personal y trascendental. El Maestro al cuidar de sus Discípulos garantiza el desarrollo de la obra y sin Discípulos no puede cumplir con la obra recibida como encargo de su MAESTRO. Así ambos se benefician en esta relación. Por su parte los fanes y devotos solo suelen interesarse en la persona del Maestro y nos les motiva mucho el trabajo en la obra. Un Maestro con fanes y devotos y sin Discípulos será un maestro pero no un Maestro. Un Maestro en la Iniciación Real y Solar siempre será Discípulo en la Obra de su MAESTRO, y además está obligado a mejorar lo recibido según indica el VSA José Marcelli a sus Discípulos.

El MAESTRO tiene a su cargo la Obra recibida de un MAESTRO o MAESTRE y aunque tiene Discípulos algunos de ellos posiblemente Maestros, en algún momento surgirá un DISCIPULO que se hará responsable de dicha Obra y le dará continuidad haciéndola crecer y mejorar.
En fin, tres hipótesis que configuran una reflexión en voz alta alrededor de los sentimientos de derrota y estancamiento en el camino de espiritualidad y la trascendencia.

HG Gerardo Motoa Garavito
www.redgfu.net/gmg
6 de agosto 2008

La cultura de acuarius.

Según nuestro SMA Dr. Serge Raynaud de la Ferriere, estamos en una Nueva Era cuyo comienzo data a partir del 21 de marzo de 1948. En principio se tendría que aceptar que lo que indica el MAESTRE en este sentido es correcto y que ya se manifiestan o se han manifestado los síntomas y signos que así lo muestran. Esto es importante porque hay quienes insisten en que dichos síntomas y signos solo son casualidades, coincidencias o resultado del flujo evolutivo de la sociedad humana. También están los que dicen que existe el fenómeno de las eras precesionales pero que todavía estamos en Piscis y que la Nueva Era comenzará alrededor del año 2160 d.c. (si piscis tiene 30°) o 2016 d.c. (si piscis tiene 28°). Sin embargo, si se observa la manera como discurre la sociedad actual, tal como lo señala el SMA estamos en unos nuevos tiempos y como él mismo lo reconoce: “hay que tratar de saber lo que será el nuevo influjo espiritual que trae esta edad del Aquarius”. Así pues, la Era del Acuarius apunta a nuevas posibilidades, perfila nuevos paradigmas y formas de vivir la Vida conformando así una nueva cultura, la cultura de acuarius.

Cultura es una de aquellas palabras que se suelen usar para significar muchas cosas. Puede ir desde el cultivo de algo en particular (la agricultura por ejemplo) a la sensibilidad específica de la erudición (habilidades y conocimientos propios a una persona reconocida como culta). Y aunque aun los filósofos, antropólogos, sociólogos, entre otros, no terminan de ponerse de acuerdo sobre lo que es la cultura, parece válido asumir la definición que en un sentido social se propone como: “el conjunto de todas las formas y expresiones de una sociedad determinada. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias”. Si esto es así, entonces cuáles son esas nuevas formas y expresiones o influjo como lo menciona el SMA. Bien vale la pena trabajar en dilucidar esto, para poder aceptar y llevar a cabo el reto que en alguno de sus escritos plantea el VSA José Marcelli, de informarle a la humanidad que estamos en una Nueva Era y motivarles para que vivan de acuerdo con ella. No es posible informar de algo que no se conoce o que resulta confuso y obviamente mucho menos motivar a que se asuma como una posibilidad de vivir.

Los estudiosos del esoterismo propio a un tema como el de las eras precesionales señalan que la nueva era, la Era del Acuarius, se caracterizaría por la comunicación, por un interés progresista y fuerte desarrollo del conocimiento, sumados a una cierta universalidad. Adicionalmente, siempre han invitado a observar los símbolos propios a acuario (Ganimedes y dos ondas paralelas), la palabra clave del signo y la casa a la que corresponde en el lenguaje cosmobiológico.

Si comparamos estos tiempos con los pretéritos es posible identificar nuevas expresiones en la sociedad contemporánea inexistentes en el pasado. Es inevitable empezar por el enorme peso que han ganado los medios de comunicación de masas (las telecomunicaciones), inclusive hasta el punto de desplazar a la familia, la iglesia y la escuela como vehículos de educación y socialización. En el pasado era de estas tres instancias sociales que surgían los modelos o proyectos de vida asumidos por las nuevas generaciones; el aprendizaje afectivo se daba en ellas al igual que la orientación vocacional, moral e inclusive en algunos casos ética. Las mismas en mucho han sido reemplazadas por los medios de comunicación masivos (televisión, internet, prensa, radio, video). Las comunicaciones de masas fuertemente soportadas por la tecnología, constituyen en la sociedad actual el denominado cuarto poder.

La tecnología a su vez, lo permea todo presentando índices de desarrollo realmente inimaginables hace muy poco tiempo. En este ambiente, la información y el conocimiento han sustituido al capital y al trabajo como agentes de poder, configurando lo que se suele llamar sociedad del conocimiento. La explosión tecnológica y el impresionante desarrollo de las comunicaciones de masas, han dado origen a lo que se propone como globalización y que en principio surge como un impulso originado en la disponibilidad de riqueza y crecimiento económico, pero que poco a poco ha ido integrando los intereses asociados al dinero con asuntos culturales, políticos y sociales, convirtiendo el planeta en lo que algunos denominan aldea global.

En aras de discusión es posible reconocer en la fuerza alcanzada por las comunicaciones de masas, en el impresionante desarrollo de la tecnología, en el aun anhelo de disponer de una sociedad del conocimiento y en la globalización (con todas sus limitaciones y controversias), lo que inicialmente se proponía como expresiones acuarianas resumidas como comunicación, progreso, conocimiento y universalidad. Aunque posiblemente estas claras expresiones acuarianas actualmente disten en sus efectos o consecuencias de manifestaciones realmente humanistas.

De paso vale señalar que todo lo relacionado con el enorme peso para la sociedad actual de las comunicaciones de masa, así como el incesante desarrollo tecnológico y disponibilidad de información y conocimiento y hasta la globalización misma, han estado acompañadas de fenómenos muy sintomáticos de un nuevo orden, específicamente en lo relacionado con los agentes sociales mencionados anteriormente (religión, familia, escuela) y que durante mucho tiempo fueron el núcleo de la sociedad.

Por ejemplo, con relación a la religión es sorprendente como se reconoce que la tercera tendencia en cuanto número de personas que se identifican con alguna de ellas en particular, es la constituida por los seculares, ateos y agnósticos, ubicados después del cristianismo y del islam. Hoy más que en ninguna época conocida y documentada, se manifiesta una creciente indiferencia y hasta rechazo a las religiones existentes y surge un fuerte reclamo por una espiritualidad laica. La familia, a su vez, presenta profundos síntomas de fragmentación e inestabilidad, sin mucha claridad de sí esta situación es producto de la sociedad actual o la sociedad actual es producto de la mencionada crisis en la familia. Por su parte, la escuela no tiene rumbo; se han probado sin éxito diversas posibilidades para responder a jóvenes que cuestionan fuertemente las expresiones de autoridad y que además suelen interesarse en procesos de aprendizaje visuales, es decir, no alfabéticos o basados en la lecto-escritura. La escuela está en crisis es un grito generalizado en todo el planeta. Entonces, sí parece que se está gestando un nuevo orden que reclama una espiritualidad laica, una nueva forma de familia y hasta la construcción de nuevas posibilidades educativas o nueva escuela. Para algunos todo esto es una desgracia, para otros es verdaderamente una oportunidad de trabajar en ese nuevo orden. Un nuevo orden con un carácter y orientación realmente humanistas.

Es el humanismo el que debe orientar al formidable desarrollo de las comunicaciones de masa, a la insospechada explosión del conocimiento, al notable avance tecnológico y a esa expresión de la universalidad llamada globalización. Hasta ahora estas tremendas fuerzas están al servicio de la producción y el consumo, enfocando al ser humano en lo intrascendental, en lo ordinario de la vida, enajenándolo y sumiéndolo en la ignorancia crasa de su esencia y perpetuando de paso viejos males sociales como la violencia, la injusticia, la explotación, el egoísmo, la discriminación, la intolerancia y el irrespeto.

Ganimedes, un joven que derrama un cántaro, es un símbolo universal de acuarius. El aguador, “el dispensador de agua celeste”, que vierte lo que suele llamarse “agua viva”, es un claro llamado al humanismo. Un humanismo que exalta las cualidades humanas, resaltando la responsabilidad de cada quien no solo por su propia vida sino también por la dignidad que la misma debe contener. Un ser humano que propende por el “amor al ser humano” y que por lo tanto lucha por la convivencia armónica, la justicia, cuidando que el bien particular no prime sobre el bien general y no admite la intolerancia, la discriminación y el irrespeto. Y en términos prácticos cómo puede desarrollarse ese humanismo que le de orientación a las comunicaciones, a la tecnología, al conocimiento y a la globalización, permitiendo construir un nuevo orden representado por nuevas formas de espiritualidad, familia y escuela. Los símbolos asociados al signo de acuario pueden ayudar a proponer algo al respecto.

Acuario es representando cosmobiológicamente por dos ondas paralelas. Esto puede interpretarse de diversas maneras. Una posibilidad es asimilar el paralelismo de estas dos ondas como un llamado a la equidad, entendiendo por ella la justicia, transparencia, igualdad de condiciones, de derechos, de deberes y de responsabilidades, siempre valorando la individualidad, es decir, a quien más se le da, más se le pide. Todo lo que se haga en Acuarius debe reflejar equidad. Equidad entre hombres y mujeres, equidad entre padres e hijos, equidad entre profesores y alumnos, equidad entre ricos y pobres, equidad entre oriente y occidente, equidad entre los pueblos. La equidad es una expresión natural del humanismo y lo que tenemos hoy como sociedad dista mucho de la equidad. Tenemos una sociedad fuertemente inequitativa, en la cual las desigualdades sociales, raciales, de genero, de edad, de religión, brotan sin cesar. Un bello reto el de la equidad para toda la humanidad.

También se dice que saber es la palabra clave de Acuario. El humanismo implica una vivencia sabia de la Vida y claro, existen diversas acepciones de lo que se puede entender por sabiduría. En principio se relacionaba con “saborear la verdad”, pero en un propósito como el que asiste este documento resulta válido entender la sabiduría como la aplicación del buen juicio y el sentido común para encontrar y aplicar respuestas a los retos que la Vida le formula a cada ser humano. La sabiduría tiene relación con la aplicación justa del conocimiento en cuanto experiencias acumuladas. En ese sentido tiene que ver con el discernimiento señalado por Krishnamurti como una virtud propia precisamente de los seres humanos sabios. Dice Albert Einstein: “sólo hay dos cosas infinitas, el Universo y la Estupidez Humana, pero no estoy muy seguro de la primera, de la segunda puedes observar como nos destruimos sólo por demostrar quien puede más.” La estupidez es lo contrario de la sabiduría y efectivamente la historia nos muestra en el pasado y en el presente muchos actos humanos individuales y colectivos que reflejan una gran estupidez. Vencer la estupidez o lograr una vivencia sabia de la vida surge como otro maravilloso reto para estos tiempos.

La casa XI de la cosmobiología corresponde a Acuario. Si bien es cierto esta casa suele interpretarse como la de la amistad, en el sentido de las eras precesionales corresponde más al concepto de fraternidad. Dice el SHM Dr. José Manuel Estrada: “Al entrar en el Sendero las primeras enseñanzas que se deben vivir son las que nos dicen que todos somos Hermanos y que debemos de querer y de respetar a todos, porque todos son expresión de la DIVINIDAD; de aquí el precepto Iniciático de AMOR Y RESPETO HACIA TODOS. De la asimilación y vivencia de este principio viene el cumplimiento de la verdadera Fraternidad, sin distinción de credos, castas, posición social, color, etc.” Evidentemente la fraternidad no puede ser interpretada simplemente como la ausencia de conflictos, discrepancias o diferencias. La fraternidad implica el manejo armónico, constructivo de los conflictos, las discrepancias y las diferencias, lejos de su negación o de su resolución a través de la fuerza, las amenazas, las agresiones de cualquier tipo o inclusive de las actitudes sumisas o de mártires. La fuerza y las agresiones fueron aprendidos en la Era de Aries. Lo sumiso y los roles de víctimas se aprendieron en la Era de Piscis. Se requiere trabajar para que estos estilos resulten obsoletos y la humanidad no siga insistiendo en su uso. Aprender a manejar fraternalmente las diferencias, los conflictos y discrepancias, es propio a la nueva era y a su humanismo.

El humanismo basado en la equidad, la sabiduría y la fraternidad, corresponde a la cultura de esta Nueva Era. Este humanismo debe llevarnos a reconvertir las comunicaciones masivas en medios de educación para el desarrollo humano. En este enfoque humanista de la sociedad, el progreso tecnológico y el conocimiento no serán más instrumentos de dominación y explotación; se convertirán por el contrario en apoyos para lograr un mundo mejor para todos. Consecuentemente, si prima el humanismo, la globalización dejará de ser solo un asunto económico que ha traído incluso un cierto deterioro cultural, en la medida en que estimula una homogenización de los pueblos en el solo afán de la ampliación de los mercados y se transformará en una verdadera universalidad; o sea reconocer y respetar las diferencias culturales de los pueblos y las personas, sin olvidarse que al final de cuentas todos somos seres humanos. En cualquier caso, esta concepción de la cultura acuariana está lejos del mercantilismo en el que se ha ido sumiendo lo que suele llamarse “new age”.

Dice el SMA, Dr. Serge Raynaud de la Ferriere: “Los Misioneros de la Orden del Aquarius serán símbolos vivientes de esta transmutación, de esta elevación espiritual que permite colocarse por encima de todas las religiones, porque en el fondo la Verdad no es más una doctrina que otra: ella es la pureza misma que no tiene necesidad de defensa. Poco a poco estos Mensajeros de la Nueva Era aportarán al mundo las concepciones exentas de todo fanatismo; lentamente va a transformarse la manera de ver y se adaptará al mecanismo social una manera diferente de trabajar, de juzgar y de vivir.” La nueva era ya está en marcha y quienes entendemos que la misma es una hermosa oportunidad, debemos poner lo mejor para su consolidación en algo que enaltezca la vida humana construyendo una mejor sociedad para todos, en la cual como dice Facundo Cabral, solo exista una sola raza, la humanidad y un solo país, el planeta. Sin el trabajo de esos misioneros o mensajeros, la nueva era no logrará su esplendor y no pasará de ser un sueño o utopía. Por lo tanto solo queda como opción mantener las manos en la obra, en la Obra y en la OBRA. La pregunta que queda pendiente es: y cómo implantar esta nueva cultura?


HG Gerardo Motoa Garavito
www.redgfu.net/gmg
15 de diciembre 2008